La resistencia a los antibióticos es un problema creciente en todo el mundo y es una preocupación particular cuando se sabe que las bacterias colonizan tanto a animales como a humanos, como en el caso de Staphylococcus aureus. Esta bacteria no es un comensal normal en la piel de los caballos, pero es un patógeno común cuando se desarrollan infecciones cutáneas. Los caballos que desarrollan una infección cutánea como la pioderma superficial y los caballos con dermatitis de la cuartilla tienen disbiosis cutánea con predominio de S. aureus. Staphylococcus aureus se aisló en el 59 % de los caballos con dermatitis de la cuartilla en comparación con el 6,3 % en los caballos sanos.
Los cambios en la susceptibilidad de S. aureus en caballos son de importancia crítica, ya que el estado de portador de S. aureus resistente a la meticilina (SARM) en humanos puede ser duradero y puede propagarse a los miembros del hogar. Por lo tanto, cuando los caballos son portadores de SARM, esto tiene importantes implicaciones zoonóticas para los propietarios y cuidadores de caballos.
En este sentido, la presencia de S. aureus resistente a la meticilina suele ser baja (<1 %) en caballos normales y sus cuidadores. Por otro lado, los veterinarios, especialmente los veterinarios que tratan con animales grandes tienen un mayor riesgo de ser portadores de SARM y pueden actuar como vehículos de transmisión a los caballos.
Una vez que un caballo se coloniza con SARM, la bacteria puede circular entre los caballos hospitalizados, los veterinarios y el medio ambiente. Igualmente, la hospitalización y el uso de antibióticos son factores de riesgo para la presencia de SARM en caballos. La hospitalización prolongada también aumenta la probabilidad de colonización. Por ejemplo, la administración de antimicrobianos en los primeros 30 días y la exposición a otros caballos colonizados con SARM son factores de riesgo documentados. En general, la resistencia a los antibióticos es mayor en las instituciones de referencia que en las clínicas generales en caballos hospitalizados (incluso si no han recibido antibióticos durante la hospitalización) e incluso mayor si han recibido tratamiento con antibióticos.
Cada vez se reconoce más la importancia de una vigilancia adecuada, tanto de veterinarios como de caballos, para limitar la propagación del SARM. Además de la vigilancia activa, la descolonización del personal SARM positivo que maneja caballos y la implementación de protocolos de control de infecciones, es fundamental modificar el uso de antibióticos en medicina veterinaria.
En este sentido, una reciente revisión ha explorado la resistencia a los antibióticos en dermatología equina, y cual es el papel de los veterinarios en su lucha.
Comienzan explicando que las infecciones estafilocócicas son comunes en caballos con alergias. Estas infecciones tienden a reaparecer a menos que la enfermedad subyacente se controle satisfactoriamente. Si bien muchos caballos responden solo a la terapia tópica, dado que este enfoque requiere mucho tiempo cuando las infecciones se generalizan, se utilizan con frecuencia antibióticos sistémicos.
La epidermis no recibe irrigación sanguínea, explican, y depende del aporte sanguíneo de la dermis para obtener nutrientes mediante difusión a través de la unión dermoepidérmica. Por lo tanto, cuando se utilizan antibióticos sistémicos para tratar infecciones que afectan la epidermis y los folículos pilosos, como la foliculitis estafilocócica, “los fármacos suelen administrarse en dosis más altas y durante períodos más prolongados”. Desafortunadamente, los tratamientos prolongados no son recomendables debido a los efectos adversos y al mayor riesgo de resistencia.
“Las infecciones de la piel tardan muchas semanas en desaparecer; por lo tanto, la presión para la resistencia a los antibióticos es mayor en pacientes con enfermedades dermatológicas que en pacientes con otras infecciones de órganos”, indican.
Por otro lado, indican que la conciencia sobre el uso responsable de antibióticos es mundial; sin embargo, “los veterinarios siguen recetando con frecuencia cefalosporinas de tercera generación, sin pruebas de cultivo y sensibilidad que respalden la elección”. Esto para los autores es una preocupación grave, ya que estos medicamentos pertenecen a la categoría de antibióticos de importancia crítica de la OMS. Los antibióticos que pertenecen a esta categoría solo deben usarse, sugieren, cuando un cultivo y una prueba de sensibilidad indiquen que la elección está justificada. “La persistencia de este hábito de prescripción resalta lo crucial que es continuar educando a los veterinarios para que sean conscientes del uso de ciertas clases de antibióticos”.
No obstante, lamentan que, en dermatología equina, “contamos con estudios mínimos”; por lo tanto, muchas de las guías propuestas actualmente se extrapolan de animales pequeños o de la medicina humana, hasta que se genere un conjunto de evidencia en dermatología equina. “Disponemos de información mínima sobre el uso óptimo de fármacos, la dosis y la duración del tratamiento, y es fundamental contar con estudios que respalden las guías clínicas para lograr un equilibrio entre la optimización de la atención al paciente y la consideración de la resistencia a los antibióticos y su impacto en la salud humana”. En dermatología equina, “es necesario realizar y revisar más estudios, y evaluar la calidad de la evidencia para cada resultado”.
La revisión propone que se debe considerar la terapia tópica en todos los casos de pioderma superficial. La ventaja es que los agentes antimicrobianos pueden aplicarse directamente en el lugar de la infección, y con la terapia con champú, en particular, se obtiene el beneficio adicional de romper la biopelícula, lo que contribuye a una mayor resistencia bacteriana.
“Se debe considerar la terapia tópica con clorhexidina para la pioderma superficial en caballos. Se debe indicar a los propietarios que no compartan equipo entre caballos, especialmente cuando se detecte resistencia mediante un cultivo”. Un tiempo de contacto mínimo de 5 minutos es una buena recomendación para la terapia con clorhexidina en caballos con pioderma.
También apuntan que disminuir el uso de antibióticos sistémicos de amplio espectro es un buen primer paso en la dermatología equina. Los caballos, en comparación con las personas y los perros, tienen opciones de antibióticos extremadamente limitadas debido a su tamaño y la vulnerabilidad de su tracto gastrointestinal. Si los antibióticos sistémicos son absolutamente necesarios, “es prudente comenzar con sulfonamidas, y si la respuesta al tratamiento es mínima, es fundamental realizar un cultivo bacteriano en lugar de simplemente cambiar a otro antibiótico”.
La citología debe realizarse al inicio del estudio para diagnosticar pioderma (junto con signos clínicos compatibles) y debe repetirse en cada revisión. Si las bacterias persisten en la revisión, se justifica un cultivo bacteriano. Al seleccionar el siguiente antibiótico, remarcan importante utilizar primero los de espectro reducido y reservar los de amplio espectro para casos donde no haya alternativas. “El aumento en el uso de fluoroquinolonas en los últimos años es preocupante y debe evitarse en el futuro”. Así, instan a que las fluoroquinolonas solo deben prescribirse si el cultivo no muestra alternativas, y medicamentos como la enrofloxacina no deben prescribirse en casos de pioderma sin complicaciones que podrían responder a opciones de tratamiento más benignas.
La duración adecuada del tratamiento es, para los autores, otro factor importante para su éxito. Es preciso tratar hasta la resolución completa de las lesiones. Este tiempo varía según la gravedad de las lesiones. “Es fundamental una comunicación eficaz con los propietarios para garantizar que el tratamiento sea eficaz y suficiente, pero no innecesariamente prolongado”.
En resumen, dada la limitada base de datos sobre terapia en caballos, y con base en lo que se conoce en otras especies, explican que es prudente recomendar terapia tópica siempre que sea posible tratar infecciones cutáneas superficiales. Dado que las infecciones bacterianas suelen ser secundarias a una causa subyacente, “es fundamental que hagamos todo lo posible por identificarla y corregirla”.