El estudio de las infecciones humanas no puede separarse del de los animales con los que los humanos entran en contacto, ya sean sus mascotas domésticas o ganado, animales salvajes en sus entornos naturales (a través de la caza o la pesca), o aquellos mantenidos en cautiverio como los animales del zoológico. Los animales salvajes cautivos a menudo muestran una mayor prevalencia de parásitos, y su estrecho contacto con los humanos presenta un potencial zoonótico significativo. Considerando las amebas intestinales, la especie más importante que infecta a los humanos debido a su patogenicidad es Entamoeba histolytica; el análisis genético ha revelado infecciones con esta especie en primates no humanos (NHP). Otras especies morfológicamente similares reportadas en NHP son Entamoeba nuttalli, históricamente considerada exclusiva de NHP, Entamoeba dispar, y Entamoeba hartmanni. Además de los primates, se ha confirmado que especies similares a E. histolytica asociadas a humanos infectan a roedores después del análisis genético.
El hecho de que la misma especie infecte a diferentes huéspedes plantea la posibilidad de transmisión cruzada, tanto entre animales como hacia o desde los seres humanos, ya que se han notificado algunos casos de transmisión zoonótica hacia o desde cuidadores de zoológicos en varios países europeos.
El género Entamoeba abarca un gran número de especies diferentes y reconocidas que habitan en el intestino de huéspedes vertebrados. Tienen un ciclo de vida directo, con una etapa de trofozoíto que habita en el intestino y un quiste como etapa de resistencia e infectiva. Estas especies se clasifican tradicionalmente en cuatro grupos según el número de núcleos en sus quistes maduros. La mayoría de las especies fueron descritas en la primera mitad del siglo XX. Además del número de núcleos, otros caracteres morfológicos utilizados para la diferenciación de especies incluyeron el tamaño de los quistes y los núcleos, así como las características nucleares. Este conjunto limitado de caracteres morfológicos dificulta la diferenciación de las especies de Entamoeba.
Sin embargo, en la década de 1990 y principios del siglo XXI, el advenimiento de los análisis genéticos, principalmente basados en secuencias de genes ribosomales de Entamoeba (en particular, el gen de subunidad pequeña del ARNr, SSU-rDNA), condujo a la caracterización de algunas especies. Actualmente, cada vez hay más evidencia que indica que las identificaciones basadas en la morfología, la especificidad del huésped o el origen geográfico del aislado son insuficientes para identificar con precisión especies nuevas; en cambio, tales identificaciones deben basarse en datos genéticos. Aunque se han descrito más de 60 especies en Entamoeba, hay datos genéticos disponibles para menos de la mitad de ellas. Incluso cuando los datos genéticos permiten la diferenciación, algunos investigadores han propuesto sinonimias. Actualmente, el número real de especies de Entamoeba sigue sin determinarse, y el análisis genético es el único método confiable para identificar de manera inequívoca especies o variantes subespecíficas.
Los investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, Lorena Esteban-Sánchez, Juan José García Rodríguez y Francisco Ponce Gordo, han estado monitorizando infecciones parasitarias en animales salvajes mantenidos en cautividad en varias instituciones zoológicas españolas durante los últimos 10 años. Los quistes de Entamoeba se han detectado comúnmente en muestras de especies herbívoras y algunas omnívoras, la mayoría de ellas pertenecientes a los grupos de quistes uninucleados u octonucleares no patógenos. Sin embargo, en algunos casos de uno de los zoológicos, se han observado quistes de cuatro núcleos en especies hospedadoras inusuales y/o no descritas previamente, o en hospedadores donde los registros publicados eran inconsistentes o carecían de datos objetivos. En el presente estudio, se presenta la identificación de estos aislados mediante análisis genético.
Este estudio se centró en la identificación de especies de Entamoeba formadoras de quistes de cuatro núcleos en muestras de chimpancés, colobos, gibones, mandriles, osos hormigueros gigantes o ñandúes mayores.
Se extrajo ADN y se amplificó por PCR un fragmento del gen SSU-rRNA y se secuenció para identificar la especie. Entamoeba dispar se identificó en colobos, gibones, ñandúes y osos hormigueros gigantes. Entamoeba hartmnanni se detectó en mandriles y chimpancés. Entamoeba nuttalli se detectó en mandriles; el análisis de las secuencias disponibles en GenBank reveló que esta especie también se ha detectado en muestras humanas.
“Mediante análisis genético, hemos documentado por primera vez la presencia de E. dispar y E. hartmanni asociadas a humanos en gibones y chimpancés, respectivamente; confirmamos la presencia de E. dispar en osos hormigueros y, hasta donde sabemos, informamos por primera vez de E. dispar en aves (ñandúes) y de E. nuttalli en mandriles”.
En este sentido, añaden que en general, las infecciones se produjeron esporádicamente y fueron limitadas en el tiempo, representando casos aislados. Sin embargo, “esto no disminuye su importancia para demostrar que los hospedadores informados aquí pueden servir como reservorios para ciertas especies de Entamoeba asociadas a humanos”.
Ante estos hallazgos, han explicado como especies de Entamoeba relacionadas con los humanos como Entamoeba dispar, Entamoeba hartmanni , así como Entamoeba nuttalli, incorrectamente consideradas exclusivas de primates no humanos, se han identificado en animales salvajes cautivos en un zoológico español mediante análisis genético. “Estos hallazgos amplían nuestro conocimiento de la epidemiología de estas especies parasitarias y enfatizan la necesidad de un monitoreo de rutina para prevenir la transmisión”.
La identificación de las especies de Entamoeba en diversas especies hospedadoras “subraya la necesidad de confirmación genética para evitar identificaciones erróneas”.
No obstante, matizan que el trabajo se limita a la descripción de aislamientos positivos a la microscopía de especies de Entamoeba formadoras de quistes de cuatro núcleos; por lo tanto, “no se puede descartar que otros hospedadores que albergaban infecciones subpatentes también estuvieran infectados”.
Así, el estudio proporciona datos novedosos sobre el rango de hospedadores de los parásitos humanos E. dispar y E. hartmanni en animales, así como la identificación de E. nuttalli en mandriles. “El hallazgo de E. dispar, considerado típicamente un parásito mamífero, en hospedadores aviares (ñandúes), subraya la inadecuación de la especie hospedadora como único criterio para identificar especies de Entamoeba, enfatizando el papel crítico de los datos genéticos en la identificación precisa de las especies”.
Por ello, proponen que cuando no se realiza un análisis genético que sin duda permitiría la identificación de especies, las identificaciones deberían proponerse mejor como sp. o similares a especies.
En resumen, “este resultado amplía el rango de hospedadores de esta especie, incluido el ser humano”. Los datos obtenidos ponen de relieve “el riesgo de transmisión zoonótica de especies de Entamoeba a partir de animales salvajes cautivos”. En consecuencia, consideran necesario un seguimiento regular de estos animales para identificar posibles riesgos de transmisión de patógenos entre ellos y los humanos.