La fiebre Q es una zoonosis bacteriana causada por Coxiella burnetii que afecta a humanos y muchas especies animales en todo el mundo. La enfermedad se considera subnotificada. En el ganado, la infección a menudo pasa desapercibida, excepto durante las olas de abortos. En humanos, la forma aguda de la fiebre Q comúnmente se manifiesta como neumonía atípica o hepatitis aguda febril. Aproximadamente el 1-5% de los pacientes pueden desarrollar una forma crónica de la enfermedad, endocarditis o infección vascular, con una tasa de mortalidad de aproximadamente el 15%. El diagnóstico de la fiebre Q se basa principalmente en pruebas serológicas o PCR.
La bacteria ha sido aislada de más de 100 especies animales, incluyendo al menos siete especies de garrapatas. Los principales reservorios son ovejas, cabras y ganado. Las hembras infectadas (animales domésticos y salvajes) excretan grandes cantidades de bacterias durante el parto o aborto a través de heces, moco vaginal, fetos abortados, placenta, orina y leche. La ruta principal es a través de la inhalación de partículas contaminadas. Esto puede ocurrir tanto cerca como lejos de la fuente, ya que la bacteria puede moverse hasta 30 km con el viento.
En Europa, España ha tenido el mayor número de casos humanos notificados anualmente desde 2016 (0,7 casos por 100.000 habitantes). Se han descrito series de casos en la mayor parte del territorio español. Desde 2015, la fiebre Q es una enfermedad de declaración obligatoria en humanos en España. Las notificaciones se envían a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica de España (RENAVE). Según los últimos informes, las comunidades autónomas con mayores tasas de notificación entre 2016 y 2018 fueron Canarias, País Vasco, La Rioja y Navarra.
Un trabajo realizado por Daniel Cifo, Rosa M Estévez-Reboredo, David González-Barrio, Isabel Jado y Diana Gómez-Barroso, del Instituto de Salud Carlos III, ha buscado explorar la epidemiología de la fiebre Q y determinar los posibles factores de riesgo en estas cuatro regiones de España donde la enfermedad es endémica.
ZONA NORTE E ISLAS CANARIAS
Para ello, extrajeron datos de la base de datos RENAVE sobre casos notificados de fiebre Q en humanos en Canarias, País Vasco, Navarra y La Rioja, entre el 1 de enero de 2016 y el 31 de diciembre de 2022. Las regiones del País Vasco, La Rioja y Navarra se han tratado como una única zona, denominada en este trabajo zona norte.
Descubrieron que entre 2016 y 2022, se observaron 15.017.716 personas-año en Canarias y se notificaron 590 casos. La tasa de incidencia se estimó en 3,93 por 100.000 personas-año. De estos 590 casos, 508 (86,1 %) fueron confirmados, 434 (73,6 %) en hombres. La tasa de incidencia fue de 5,84 por 100.000 personas-año para hombres y de 2,07 para mujeres.
En la zona norte, con 22.228.977 personas-año observadas, se notificaron 469 casos, lo que dio como resultado una tasa de incidencia de 3,12 por 100.000 personas-año. De los 469 casos, 285 (60,8 %) fueron confirmados y 329 (70,1 %) fueron varones. La tasa de incidencia fue de 3,03 por 100.000 personas-año para varones y de 1,30 para mujeres.
En Canarias no se ha registrado ningún brote de fiebre Q. En la zona norte, 104 casos (22,2 %) se relacionaron con al menos 11 brotes.
Ante estos hallazgos, han explicado que la mayor tasa de incidencia de fiebre Q se observó en hombres de 30 a 60 años, como en estudios publicados previamente en España. Esto podría estar relacionado con una exposición ocupacional, como trabajadores de mataderos o de ámbitos relacionados con la ganadería, que está bien documentada en la literatura. Sin embargo, consideran que “es importante señalar que será necesario un análisis adicional para evaluar completamente la ocupación como un factor de riesgo”.
Respecto a los brotes, en el trabajo se notificaron un total de 11, todos en la zona norte. “Aunque teníamos información limitada sobre las exposiciones asociadas a los brotes, un factor predominante fue la conexión, ocupacional o no, con las granjas de rumiantes”, han comentado.
Como ejemplo, detallan que uno de los brotes incluidos en el estudio (julio-agosto de 2017) se produjo entre trabajadores de una empresa de mensajería de mascotas, con 10 casos confirmados y seis probables, con una tasa incidencia del 25 %. “La posible fuente de la infección fue el polvo contaminado en las instalaciones de almacenamiento de mascotas, probablemente después de un transporte de cabras miniatura”.
También apuntan que el brote notificado más recientemente se produjo entre diciembre de 2020 y octubre de 2021 y afectó a 108 casos notificados entre visitantes de una cueva natural en el sur de la provincia de Vizcaya. “Se detectó ADN de Coxiella burnetii en muestras fecales, de polvo y de aerosoles dentro de la cueva y en muestras de polvo de 44 granjas ubicadas en un radio de 7 km”.
PAPEL DE LAS CABRAS EN LA INFECCIÓN
Anteriormente, las ovejas se consideraban el principal reservorio en las provincias de la zona norte, según los estudios de seroprevalencia. Sin embargo, los brotes notificados en los últimos 10 años se han relacionado con las cabras. Esta es, indican, una observación relevante dado que los datos de la Encuesta Nacional de Ganadería indican que “la población ovina en estas regiones es hasta siete veces mayor que la población caprina”.
Por otro lado, comentan que no se notificó ningún brote en Canarias durante el período de estudio. “Las razones de esto, incluida la falta de notificación y las dificultades para detectar una exposición común a las explotaciones extensivas, deben dilucidarse”.
Una característica interesante también destacada es un posible patrón estacional, que “puede requerir un análisis más profundo”. La mayoría de las notificaciones se produjeron en primavera. El periodo de parto de los pequeños rumiantes coincide con estos meses, lo que “podría facilitar la propagación de estas bacterias”. Además, el aumento de partículas aerotransportadas, microbianas y no microbianas, en el aire, debido principalmente a condiciones ambientales favorables, “podría aumentar aún más el riesgo”.
En resumen, los autores han sentenciado que las medidas de control destinadas a reducir la incidencia de la fiebre Q en humanos “deben priorizar un enfoque coordinado de Una Salud que incluya vigilancia y gestión de brotes complementados con medidas de salud pública animal”.
En España, las actividades preventivas se centran predominantemente en protocolos de bioseguridad. “El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha publicado recientemente un programa que enfatiza estas medidas”. Así, “la vacunación del ganado no es obligatoria pero sí muy recomendable”.
Además, matizan que “se necesitan más estudios epidemiológicos orientados a Una Salud que consideren la compleja interacción entre la salud humana, la salud animal y el medio ambiente para desarrollar una comprensión integral de la dinámica de transmisión de la fiebre Q y los factores de riesgo”.